8/4/15



ANIMACIÓN MÁS ALLÁ DE LA INDUSTRIA

La animación como lenguaje abarcador de una libertad creativa e ineludible se remonta al hombre del Paleolítico, quien ya intentaba capturar el movimiento a través de dibujos de bisontes con más de cuatro patas en las paredes de las cuevas. Desde entonces esta técnica ha estado estrechamente vinculada a expresiones como la pintura, la escultura, el teatro de sombras, la fotografía y por supuesto el audiovisual (si entendemos como animación al procedimiento de capturar o simular el movimiento ya sea a través de dibujos, muñecos, siluetas, etc.)

Lejos del estigma que durante años ha perseguido a la animación, enjuiciándola como una técnica menor asociada siempre a fines didácticos y al entretenimiento infantil, la autonomía de este medio aún es un mundo con muchas aristas por explorar.

Debemos partir de que el espectador, al consumir un producto de animación, asume de antemano una postura diferente que ante cualquier otra imagen, pues advierte que se enfrenta a un universo "inverosímil", independiente, regido por las leyes del creador, del artista. Desde esta postura en la recepción de la obra de arte el público es capaz de asimilar ideas y propuestas que con otras técnicas le parecerían remotas, demasiado grotescas, agresivas.

Es entonces la animación una representación de segundo grado. Donde el artista no solo dota de un simbolismo al objeto, sino también que crea al objeto mismo, concediéndole un sentido estético. El objeto como máxima expresión de variados significantes, como metonimia particular de una realidad objetiva. Aquí la importancia a la hora de elegir la forma, o la técnica a utilizar, dentro de la animación, pues éstas también forman parte del discurso del autor.

Sobre lo anterior Paul Wells en el libro Understanding Animation publicado en 1998, explica que la capacidad del audiovisual de animación trasciende por su simbología al mundo concreto, se resiste a él, y esta capacidad le permite ilustrar estados de conciencia mucho más genuinos tanto en el receptor como en el creador.

Las nuevas tecnologías han abierto un diapasón de posibilidades para todos aquellos que apuestan por este lenguaje, ya no es necesario tener habilidades en el dibujo con las nuevas herramientas digitales.

Aunque bien es cierto que requiere de un conocimiento previo de sus pautas, otra de las ventajas que no se pueden negar es el abaratamiento de los procesos de producción de la obra. Lo que llevaría muchos recursos representar en el mundo objetivo, se puede lograr mediante la animación solamente con una computadora. Cada vez existen más programas que facilitan la animación y expanden la frontera de esta a un terreno donde la creatividad del creador es el único límite.

Es cierto que realizar una animación es un trabajo engorroso y paciente. Quizás por esta razón la producción del arte de dibujar el movimiento se encuentre en manos de grandes productoras especializadas. Aunque hay algunos autores independientes, sobre todo provenientes de las artes plásticas, que se han aventurado a la experimentación en el proceso de animar.

Autor: Ingrid Castellano Morell, Fuente: Oficina del Festival Internacional de Videoarte de Camagüey

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